8 ago. 2012

El violinista bajo el tejado

Son la diez de la noche...los tonos del sol de la tarde comienzan a desaparecer, y aunque ella siempre suele ser puntual minutos arriba, minutos abajos, piensa que esta vez no le dará tiempo de estar lo suficientemente bella y maquillada para su joven prometido.
Piensa que los años no pasan en balde y teme que este amor solo sea un capricho de temprana edad...
- ¿ Qué pudo ver en mí?,- se dice mientras extiende sus pinturas con mano de nerviosa quinceañera ante su primera cita.
- Una vez más me enamoraré ,me hará sucumbir bajo sus silenciosos acordes y aunque vendrán otros, con el tiempo me olvidará y solo quedaré como un bello recuerdo de su pensamiento-.
Son solo delirios de temor que a  ella cada noche le rondan mientras se mira en sus ojos. Aún así, llevan meses disfrutando de sus encuentros, de sus compañias y misterios, con secretos que quedaron entre los dos y que sobran para el resto de la gente que los ven...
Foto: José M Sieres
Son las diez de la noche...Él, de aspecto mas informal, afina su violín con un antiguo diapasón de metal, los prefiere a los de nueva generación por la calidez que envuelven los sucesivos y posteriores momentos, al igual que la cuerda en "mi", la sigue manteniendo de hilo de acero, rechazando los nuevos materiales sintéticos. Luego, lo guarda en su estuche y sale a la calle repitiendo las notas de aquella melodía que regalará esta noche a su deseada.
Al contrario que ella, no sufre de nervios, no tiene miedo a la diferencia de los años porque los sentidos son intemporales, los sentidos que la hicieron percibirla tal como le hicieron  amarla.
Pasan los cuartos de hora y ella puntual, minuto arriba, minuto abajo, lo espera en la esquina ,asomada mira todos los callejones que divisa desde aquel transcurrido ángulo y por fín lo ve llegar a lo lejos, como siempre, tarde  pero tranquilo y, en el encuentro entre ambos, ella no dice nada, solo lo contempla mientras él la mira ,la siente, abre su estuche y comienzan a nacer  las ansiadas notas solitarias y silenciosas para las que Salamanca la esperaba una noche más, igual de bella que ayer e igual de hermosa para mañana.